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En esta ocasión me apetecía aportar algo diferente, una práctica desconocida para muchos de nosotros, que seguramente conocerán nuestras abuelas.

Muchos de vosotros seguramente no sabíais de esta extraña práctica, en Galicia entre los siglos XIX y XX, era de lo más común. ¿Parece súper raro verdad? La verdad que no es para menos, porque… ¿para que querer tener ese recuerdo de nuestro difunto muerto y en el ataúd?

Son varios los fotógrafos destacados en los reportajes que se hacían a los difuntos. Entre ellos quiero destacar a Joaquín Pintos, Francisco Zagala o a Virxilio Vieitez, con quien me centraré un poquito más.

 

 

Virxilio Vieitez nació en Soutelo de Montes, en 1930. Comenzó a trabajar a los 16 años de edad en las obras del aeropuerto de Santiago de Compostela y dos años después como mecánico en el Pirineo Aragonés. Allí compró su primera cámara, una Kodak de cajón de formato 6×9, con la que comenzó a fotografiar paisajes y retratar a sus compañeros de trabajo, a quienes después vendía las fotos.

Pero será trabajando como empleado del fotógrafo Julio Pallí,  cuando realmente aprenda el uso de la cámara y conozca los secretos del trabajo de laboratorio. Virxilio de esta manera,  comienza a realizar fotografías de calle y de estudio,  la mayoría de ellas hechas a los turistas de la Costa Brava.

En este momento, ya se perfila lo que marcará su fotografía para siempre y sin pretenderlo, porque no hay que olvidar que el mismo Vieitez no buscaba hacer arte si no que su mirada y la captación de cómo veía y entendía el mundo era arte en sí mismo. Él sólo buscaba ser un profesional y utilizar la fotografía como medio de vida.

 

 

Al volver a su lugar de nacimiento en Forcarei es cuándo se profesionaliza como retratista realizando trabajos fotográficos por las diferentes villas y aldeas cercanas. Viajó por toda la comarca haciendo fotografías en las ferias, a la salida de las misas, reportajes en casamientos, comuniones, bautizos y como destacaba al principio de este port, la fotografía de difuntos.

Sí sólo fuera eso, no sería una de las figuras más importantes de la historia de la fotografía gallega del siglo pasado. Y es que la calidad artística de sus fotografías lo conforma la maestría para recoger la autenticidad de vidas que de forma contenida logran clavar nuestras miradas, y transmitirnos el drama, la fortaleza, la soledad y las realidades que existen detrás de las suyas aparentemente bajo la sencillez más absoluta.

Os dejo un video muy cortito, donde explica el porqué de estos retratos de difuntos.

 

 

Sin duda Virxilio Vieitez fué sin duda un artista, un fotógrafo que quería ofrecer al mundo la visión de su propio mundo, un trabajo exquisito y lleno de matices.

Para finalizar os dejo ya unas cuantas fotos de este tipo de reportajes, que aunque son algo escalofriantes, tienen una belleza singular muy característica.

 

Información documentada y adaptada de www.garpe.com 

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